Los relatores del relato, un ladrillo más en la pared
6 marzo, 2012 Deja un comentario
Desde hace ya varios días los diarios de mayor tirada en la Argentina –Clarín y La Nación-, sumados a los medios de Editorial Perfil, vienen marcando una lógica discursiva-opositora basada en el lenguaje. Desde las páginas de eso que algunos llaman “la prensa hegemónica” (o “la corpo”) se puede observar que la mayoría de los columnistas “coinciden” en sus ideas acerca del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: es solo un relato.
El gobierno es puro relato. Chamuyo. Gastan fortunas en publicidad oficial (eso es cierto) y nosotros –la sociedad, los argentinos- somos tan estúpidos que vamos y los votamos. Antes por lo menos nos daban el chori y la coca. Ahora ni eso. Son peores que Perón. Perón, al menos, les tiraba algunas migajas a sus votantes. Ella, CFK, ni eso.

El gobierno es puro relato. Eso piensa el columnista estrella del diario Clarín, Eduardo Van der Kooy. “A pesar del relato, algo no anda bien”, decía en su editorial del fin de semana.[1]
El gobierno es puro relato. Lo vi en Perfil, lo contaba el doctor Nelson Castro. La volanta de su columna en el ¿diario? de Jorge Fontevecchia narraba: “Relato K vs. Realidad”[2]. La palabra “relato” aparece cinco veces en la nota. Relato. Relato. Relato. Relato. Relato.
El gobierno es puro relato. El dinero que reciben millones de argentinos en concepto de Asignación por hijo (para algunos analistas la razón principal para explicar el 54 por ciento de CFK en las últimas elecciones) debe ser de mentira. Plata falsa. Parte del relato.
El gobierno es puro relato. Lo dice “Pepe” Eliaschev cuando nos cuenta que la Argentina está “embriagada de relato”[3]. Ella, CFK, nos miente todos los días. Llora. Se emociona. Quiebra la voz. Miente. Relata.
El gobierno es puro relato. Eso cree Enrique Szewach, también en Perfil. “El nuevo relato económico”[4], titula. Relato. Relato. Relato.
El gobierno es puro relato. El FMI sigue aquí, presente. El Consenso de Washington nos dicta el camino. La política económica independiente es puro relato. El pago de la deuda al organismo fue ficticia. Otra mentirita. Relato.
El gobierno es puro relato. Lo dice Joaquín Morales Solá en La Nación. “La verdad no podría deshacer un buen relato”, escribió en su nota “¿Cómo ocultar 51 muertos?”[5]. Que no se malinterprete, no quiere tirarle los muertos a ella, CFK, y sacar rédito de la tragedia. Eso, también, es parte del relato.
El gobierno es puro relato. “La realidad pesa más que el relato”, enfatizó Néstor Scibona en la tribuna de doctrina[6].
El gobierno es puro relato. Es 678. Todo mentira. Galende, Barone, Russo. Y Cabito. La ley de medios nunca se sancionó. Lo que es cierto es la inflación. Pero, claro, la inflación no forma parte del relato.
El gobierno es puro relato. En fin, es lo que afirma el paladín de la objetividad, el doctor Mariano Grondona: “…la presidenta nos ha querido manipular mediante un elaborado relato”[7]. Nos ha querido, dice. Con ellos no ha podido. Ellos son los inteligentes, los que hablan latín, los que no necesitan de la limosna del gobierno (pero si alguna provincia, no sé, ponele San Luís, te tira un hueso, todo bien).
El gobierno es puro relato. Relato. Relato. Relato.
Van der Kooy, Morales Solá, Scibona, Grondona, Szewach, Eliaschev, Lanata y todos estos prestigiosos intelectuales mediáticos son, cada uno de ellos, constructores de un relato metalingüístico basado en convencer a los argentinos de que aquello que dice ella, CFK, no tiene nada que ver con lo que se vive en la calle.
Relatores que relatan el relato de ella, CFK. No hacen más que rendirle homenaje a Roger Waters en su visita a la Argentina. Son, cada uno de ellos, partes de un coro desafinado. Un ladrillo más en la pared.









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