¿Guerra sucia? Secretos sucios


Iba por unas pocas páginas y pensé en dejar de leerlo.

Había escuchado sobre Robert Cox y su trabajo en el “Buenos Aires Herald” durante los años de plomo. Hace poco lo había visto en televisión, en diferentes programas, incluso en 678. El título del libro no me gusta, hay algo que no me cierra.

Para los Cox (la publicación está escrita por el periodista David Cox, hijo de Robert), en Argentina hubo una “guerra sucia”. Recurren a la teoría de los dos demonios: terrorismo de izquierda contra terrorismo de derecha. Montoneros contra la Dictadura. De allí surge el nombre del libro: “Guerra sucia, secretos sucios”.

Cox habla de muchas cosas, pero poco de economía. Como un hombre identificado con la derecha, la observa como un tema menor en aquellos años. Tal vez allí radique la razón de su dificultad para entender que la teoría de los dos demonios fue confeccionada como un eufemismo para ocultar la aplicación forzada de la economía monetarista. 

Pero por suerte no dejé de leerlo.

Pronto me encontré con un personaje querible, amable -en el sentido del amor-, que se arriesgó por defender vidas ajenas. Algunos dirán que ”hacía su trabajo, publicaba lo que tenía que publicar”. Sí, pero cuando las corporaciones mediáticas callaban, a Cox se le iba la salud y la de su familia en esa ordalía.

El libro describe una realidad, que siempre es subjetiva. Nadie puede desconocer el accionar de Montoneros, y lo cierto es que en “Guerra sucia, secretos sucios” no se justifica en ningún momento la represión y la tortura. Es, tal vez, un problema de conceptos.

Robert Cox no es sólo un periodista, es un activista por los derechos humanos. Cuando se observa el panorama actual de la prensa argentina, y se descubre que muchos ocultan cuestiones graves sobre delitos de lesa humanidad porque involucran a personas muy importantes, la imagen de este británico se agiganta.

La publicación, además, está muy bien escrita. Es amena, sencilla. Y también es intensa: recorre lo peor de la historia argentina. Por momentos, los Cox son sólo una excusa para narrar la conflictividad de una sociedad en su etapa más crítica.

Los periodistas tendríamos mejor reputación si los argentinos conociéramos más a Robert Cox. Menos mal que no fui testarudo y lo seguí leyendo.

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